Crecer.

Lo bueno de crecer es que todo cambia. Sí, sí, todo cambia. Uno se da contra el suelo, con la misma piedra en diferentes caminos, con sorpresas duras, con amores fallidos, amigas que nunca lo fueron, malos ratos que terminan en felices, fiestas, euforias pasajera y tristes y gente que se va o se queda donde uno dejó de estar. Amores que lo extrañan a uno por siempre sin uno extrañarlos y amores que uno extraña por siempre sin ellos extrañarnos. Uno ríe y después llora y llora y después ríe. Pero todo cambia, todo cambia para bien.

Solo que uno tiene que pasar por todo para que todo cambie. A uno le toca ver amores que olían a para siempres, irse. A uno le toca irse de la vida a un amor que daría la vida o vendería el alma o cambiaría de sonrisa porque nos quedáramos. A uno le toca fallarle a alguien que no lo merecía –porque uno sólo le falla a quienes no lo merecen- y le falla, con todas las ganas para aprender a no fallarle a nadie más. A uno le toca aprender que hay que hacer lo que le dé la gana porque ya uno se arrepintió suficiente de cosas que dejó de hacer. Uno asimila que el corazón es un órgano que más que para bombear sangre sirve para reconstruirse, desenamorarse con fuerza y enamorarse cada vez con más cautela.

A uno le toca pasar por ciertas cosas para saber que hay algunas amigas de toda la vida que no son para toda la vida, mientras que hay unas que llegan después de viejas a nuestras vidas para toda la vida. A uno le toca conocer y darle la mano a la envidia y a las intrigas y a los prejuicios. Uno tiene que pasar por ciertos lugares para darse cuenta de lo que no le gusta en la vida, por otros a recoger unas pisadas que había dejado mal hechas y por otros a dejar la pasión.

A uno le toca perder algunos algos. Uno empieza a aceptar que es hora de corregir ciertos defectos porque ya no son graciosos. A uno le toca seguir intentado hacer dieta e ir al gimnasio. A uno le toca creer en el amor porque no hay de otra. Uno se da cuenta que es necesario ir por la vida robando risas porque luego, a uno se las robarán. Uno se insensibiliza y empieza a ver noticieros y leer prensa, porque es necesario a pesar de que duelan en el corazón y cada vez sorprenda menos.

Y es que todo es más complejo.  Porque todo cambió. Antes, cualquiera parecía un príncipe y 50.000 mil pesos era mucho dinero. Y ahora resulta que los chicos ya no vienen como antes y los 50.000 no alcanzan.

Pero no. Nada ha cambiado. El universo sigue siendo el mismo. La gente es la misma. Mi ciudad es la misma. Mi corazón y mi risa son los mismos. He subido y bajado de peso, pero mi esencia es la misma. Tengo las mismas amigas que alguna vez tuve porque en el filtro dejé muchas, conocí otras y me quedé solo con las mejores. Tengo la misma mamá pero ahora es mi amiga.

Nada ha cambiado. Solo es que he bailado más y peleado más y fallado más en el amor y vivido más. Solo es que me ha tocado enfrentarme mi misma, a mis propios problemas, a mis propios miedos, a mis propias felicidades, restos y sueños. Pero nada ha cambiado. Ni mis ganas de besar, ni mi sarcasmo cómico, nada. Y es que simplemente no me dí cuenta a qué hora me tocó crecer y madurar y cambiar. Porque nada ha cambiado. Nada, solo yo.cora

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