Por el dia de la madre.

El tiempo avanza sin piedad. Corre como si lo estuvieran persiguiendo. Se mueve y no le importa lo bien o lo mal que uno la este pasando. El sigue con su va y ven. Con su tic, tac. Con sus minutos y segundos que aveces imploramos que se muevan y después miramos con nostalgia cuando se van. El tiempo tiene sus propios tiempos y no le interesan los nuestros.  

 Y entre más avanza yo más me parezco a mi mamá. Me veo en fotos y cada vez soy más ella. Adquiero la forma de su cara. Me apropio de su sonrisa. Hago míos sus ojos alegres y grandes. Reclamo por el misma nariz. Me descubro sorprendida teniendo sus mismas manos delicadas. Y me sorprendo cada que alguien ve una foto y dice que somos idénticas.

El tiempo le hace justicia. La que ella se merece. Como cuando me miro al espejo y veo las bolsas en mi ojos, como las de ella. Me recuerda de dónde vienen. De todas las noches sin dormí que le he dado. Son el reflejo de cada una de las veces que he caído y ella ha estado ahí para recoger los pedacitos de mi misma y con amor y ternura me ha vuelto a construir. Una y otra vez. Sin cansarse.

 Y ahora me maquillo, me peino y soy coqueta. Por ella. Después de tanta perseguidora de ¡Peinate!, ¡Te compré este polvito para que te lo eches!, ¡Un brillito así sea!. Y entiendo que si me veo bien, ella está mejor. Y cada que me auto reclamo por la bendita nariz que le heredé comprendo que tiene que estar ahí, para hacerme entender las veces que ella ha sonreído cuando quiere llorar, solo para darnos tranquilidad, a mi y al mundo.

 O las veces que no he entendido los regaños que me hace. Y después comprendo que debe ser así y solo así. Porqué con su alma enorme me ha cuidado y protegido con la garra celosa y fuerte de cualquier gigante. O cuando sufro y mi alma se hace pedacitos despiadados de dolor. Y callo. Y desaparezco. Y me escondo. Para no causarle angustias. Porque ya le causé suficientes. Pero ella sabe que igual se las causo, suavecito, pero se las causo. Y entiendo que su forma de cuidarme es mostrándose fuerte y ahora yo lo hago. Por ella, para ella.

 O cuando sufro de estrés. Miedo intenso. Y me angustio por la vida como ella. Aprendí a auto-tolerarmelo. Porque es la mejor manera de recordarme que ella está ahí, siempre, para calmarme. Darme fuerza y poder seguir. Y no falta cuestionarme mi risa torcida. Pero qué va. Es torpe pero contagiosa. Y esta ahí para que yo entienda que lo único que tengo que hacer en esta vida es ser feliz. Y sonreír. Porqué lo único que ella ha hecho estos casi 15 años es pararse de cabeza y hacer malabares para que yo sea feliz. Y sonría. Como sea. Aunque a veces cueste.

 Y aprendí a respetar y valorar mis pánicos existenciales. Porqué me hacen caer y ella me hace levantar con fuerza de dragones y contundencia. Y por eso he logrado lo que he logrado. Por su fuerza. La suya que me da. Igual que con su libertad. Me la transfirió. Como súperpoder. Y yo lo uso a diestra y siniestra. Lo que me ha dejado vivir plenamente. Como se me ha dado la reverenda gana. Lo que me ha hecho ir y venir. Intentar. Fracasar. Amar. Y vivir mi vida con plena satisfacción.

 Así que feliz día a la mamá. Otra vez. Insaciablemente. Para siempre. Homenajearla ahora que puedo y no cuando al tiempo le de arrebatos y afanes. En vida. Con amor sincero y enorme. Tratando que sea tan grande e incondicional como el de ella. 



Para la mejor mamá del mundo. Te amo.

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